miércoles, 27 de noviembre de 2013

Dinero

La avaricia delató el ilícito
2013-11-27 | Costa Rica.- La avaricia de los defraudadores y el celo de un empleado bancario, echaron por tierra lo que consideraron un plan perfecto para lavar dinero.
Álvaro Moya, abogado costarricense, y Agustín Lyon, empresario caribeño que trabaja como representante legal de Inversiones Pudong y gerente de Stellca Comercializadora, se pasaron de listos o se volvieron descuidados, y ahora lo están pagando en la cárcel.

La idea del par de empresarios defraudadores dedicados al lavado ilícito de capitales era aparentemente sencilla, creando un singular mecanismo.

Lyon y Moya fingirían la compra de 10 millones de pastillas de jabón por las que abonarían 9,7 millones de dólares, que cubrirían con transferencias de Costa Rica, Estados Unidos, Honduras, China o Panamá. El 13 de junio recibieron los $9,7 millones de las empresas venezolanas para comprar las pastillas de jabón, sin embargo recibieron otras transferencias hasta sumar $15,5 millones de dólares. Tras los depósitos los defraudadores retiraran 1,2 millones, lo que despertó sospechas del empleado bancario y se determinó congelar las cuentas, en tanto no probaran el origen del dinero.

Según ha revelado la investigación, esta no era la primera vez que Agustín Lyon viajaba a Costa Rica en busca de pastillas de jabón. La primera vez fue en julio de 2007, pero se fue a los cuatro días. Regresó por un periodo de 10 días en febrero de 2010, cuatro días en octubre del año siguiente y siete días en setiembre de 2012. En 2013 batió todos los récords de visitas: tres veces en apenas seis meses.

La policía supone y pretende probar que durante sus estancias en el país, Lyon y Moya podrían haber lavado aproximadamente 14,3 millones de dólares, que posteriormente se habrían transferido a cuentas de paraísos fiscales en un intento por tratar de borrar el rastro del dinero.

Si finalmente son declarados culpables del delito de blanqueo de dinero es muy probable que se den cuenta de que el uso de jabón como actividad para el lavado de dinero puede ser increíblemente irónico, pero poco efectivo.