martes, 8 de septiembre de 2015

Monumentos

El Ángel de la Independencia no es el más antiguo; hay dos anteriores

En París está el primero que se construyó; en Berlín, el segundo

El monumento a la Independencia de México cuenta con dos hermanos construidos muchos años antes, ubicados en dos ciudades eruopeas. Están unidos por su sentido simbólico y se han convertido en centros de protesta política y de diferentes festejos

Cada 15 y 16 de septiembre los mexicanos, investidos de un nacionalismo poco visto en otras partes del mundo, celebramos en esta ciudad una de las fiestas populares más vistosas y efusivas. Dos son los sitios simbólicos que acogen nuestra memoria histórica: el Zócalo, donde gracias a Maximiliano festejamos la noche del 15 "el Grito de independencia", y el Ángel, monumento que tardó 57 años en construirse gracias a la terquedad de Porfirio Díaz. Demos un repaso a la historia de un Angel que ha volado del Zócalo hasta el Paseo de la Reforma envuelto en los aconteceres del siglo XX.

Los antecedentes:
En 1823, en tiempos del efímero emperador Agustín de Iturbide, se erigió en Celaya, Guanajuato, el primer monumento a la Independencia de México, diseñado por el arquitecto Francisco Eduardo Tres Guerras; se trata de una columna con capitel corintio coronado con el símbolo de nuestra bandera: un águila devorando una serpiente. Posteriormente, en plena inestabilidad política de aquellos tiempos, se convocó, en 1843, a un concurso para edificar un gran monumento en el centro de la Plaza de Armas de la ciudad de México, el cual fue ganado por un arquitecto francés de nombre Enrique Griffón; pero Santa Anna, como era obvio y quizá por el acoso de los imperios europeos, lo rechazó y mandó hacer otro concurso que ganó el arquitecto Lorenzo de La Hidalga. Este proyecto aparece en una pintura de Pedro Gualdi de 1843, en la que se destaca, en la plaza, la gigantesca columna coronada no por un águila, sino por una figura alada con las manos abiertas. Los avatares militares impidieron concluirlo, y se construyó sólo el zócalo, que dio origen al nombre popular con que se conoce desde entonces nuestra Plaza de la Constitución.

En 1864, Maximiliano desempolvó el proyecto y le encargó a Ramón Rodríguez Arangoity la remodelación integral del Zócalo, obra en la que participó el proyecto original del arquitecto De La Hidalga; esto es, una columna rodeada con esculturas de los héroes de la Independencia y coronada con una figura alada. Aunque producto de las críticas sobre la similitud que existía en los proyectos con la Columna de Julio en París, Maximiliano propuso como remate un águila imperial, rompiendo una cadena y remontando el vuelo; Carlota, en ausencia de su consorte, colocó la primera piedra (Testimonio artístico de un episodio fugaz, Esther Acevedo (art) INBA, 1995). La llegada de Juárez y la restauración de la República impidieron nuevamente su edificación. Los planos originales de tal remodelación con todo y monumento se conservan en la Mapoteca Orozco y Berra, ubicada en Tacubaya.

Los intentos prosiguieron. El 23 de agosto de 1877, durante los primeros años del porfiriato, se convocó a un concurso, aprobado en mayo de 1878, pero no se llevó a cabo. Otro intento de construirlo fue la convocatoria publicada el 29 de enero de l886. El proyecto ganador, paradójicamente 40 años después de la invasión por Estados Unidos, fue el de los arquitectos Cluss y Schultze, de ese país, pero tampoco se realizó.

Don Porfirio, terco, siguió insistiendo. En 1900 la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas encargó al arquitecto Antonio Rivas Mercado el proyecto previsto a edificarse en la cuarta glorieta del Paseo de la Reforma. Como en ese entonces casi todo se obedecía, éste sí se construyó. Llama la atención sobremanera la similitud de su diseño con el proyecto de 1843 de Lorenzo de La Hidalga. Rivas Mercado diría que fue realizado "siguiendo la tendencia de los grandes pueblos que levantaron columnas a sus héroes y a sus triunfos, como la de Alejandría, en honor de Alejandro, y las de El Incendio de Londres; de Napoleón en Bolougne; la Alejandrina en San Petersburgo; la Antonina en Roma, y la Vendóme en París (....)" El proyecto, que se decidía por fin por una figura femenina alada, fue publicado en la revista Mundo Ilustrado del 12 de mayo de 1902. Todas las esculturas en mármol y bronces fundidos del monumento fueron realizados en París y Florencia, incluyendo la original del Angel; su autor fue Enrique Alciati, escultor italiano que llegó a México hacia 1895.

Los hermanos mayores del Ángel

Nuestro orgullo, el Angel de la Independencia, no es, como algunos creen, único en el mundo y ni siquiera el más antiguo. En Europa existen dos construidos con anterioridad: uno está en París; el otro, en Berlín. A los tres los hermana no sólo la forma y altura, no mayor de 50 metros, sino su sentido simbólico de libertad e independencia; además, cada uno en su ciudad concentra hoy día los movimientos sociales de resistencia, la protesta política, los festejos juveniles tecnos y hasta los triunfos futboleros que fortalecen el nacionalismo.

El hermano mayor de nuestro Ángel, o primero en construirse, fue el de París, exactamente en la plaza de la Bastilla, donde existió la famosa cárcel destruida durante la revolución francesa de julio de 1789. El monumento, conocido como la Columna de Julio, se construyó entre 1830 y 1840 en honor a los revolucionarios muertos durante la insurrección de julio de l830; algunos yacen allí y sus nombres se encuentran inscritos en la base de la columna rematada por un capitel. Un ángel dorado y desnudo -este sí hombre-, afianzado en un solo pie sobre un globo, intenta elevar el vuelo sosteniendo una cadena rota en la mano izquierda. El parecido con el de México es digno de anotarse.

El caso de Berlín tampoco es tan distinto. Con el nombre de Columna de la Victoria, el monumento que hay en esa ciudad fue construido entre 1870 y 1873 con motivo de la unificación del estado prusiano, posterior a sus victorias militares. Por ello no es, como en los casos de París y México, un mausoleo. De su sitio original frente al famoso parlamento del Reichstag fue trasladado en abril de 1939, con motivo del 50 aniversario del nacimiento de Adolfo Hitler, hasta una glorieta del parque Tiergarten. El Angel alemán que remata la columna es una figura dorada femenina de fuertes rasgos, coronada por un casco militar; se sostiene también en un solo pie, pero en la mano izquierda empuña una guirnalda y en la derecha un bastón de mando. Ambos hermanos, el de París y el de Berlín, fueron sin duda inspiración del Angel mexicano, pues se construyeron 80 y 35 años antes, respectivamente.

La tardía construcción y sus hundimientos

En efecto, la primera piedra del monumento mexicano se colocó el 2 de enero de 1902 y tardó casi ocho años en concluirse. Su edificación tuvo serios problemas debido a hundimientos de la cimentación cuando la columna de piedra tenía más de 20 metros de altura de sus 45 totales.

Así, de julio a noviembre de l907 dicha columna fue desmantelada con todo y su pesada base para modificar la cimentación original, agregando una "cama" de pilotes cilíndricos de madera y concreto de 32 metros de profundidad; en esos trabajos participó una comisión integrada por los ingenieros Gonzalo Garita, constructor del Palacio de Correos; Manuel Gorozpe, Guillermo Beltrán y Puga y Manuel Marroquín y Rivera.

Cuenta uno de los entusiastas constructores que en 1908 hubo una segundo acto para colocar "la primera piedra" y que nuevamente fue enterrado el cofre original en 1902, que contenía el acta de inicio firmada por don Porfirio, monedas acuñadas en 1901 y diversos periódicos de la época (Construcción del monumento a la Independencia, Martha Sastrias, editorial Aconcagua, 1995).

Así, en medio de los primeros vientos de la Revolución, el 16 de septiembre de 1910, durante los festejos del centenario de la Independencia, el monumento se inauguró pomposamente por Porfirio Díaz, en presencia del gabinete en pleno acompañado de don Salvador Díaz Mirón, el único poeta invitado. Sin embargo, las ingenierías de principios del siglo solucionaron la estabilidad del monumento, pero no resolvieron el hundimiento del subsuelo.

El Angel se ha convertido en uno de los ejemplos visuales sobre el hundimiento de la ciudad; cualquiera lo puede comprobar. Una fotografía de Hugo Bremhe de 1910, a pocos días de la inauguración del monumento, lo capta con sólo nueve escalones del piso de la calle a la base. Hoy tiene 14 más, agregados durante el siglo XX a medida que el suelo a su alrededor se hundía como resultado de la extracción del agua.

Personajes históricos plasmados

Empecemos de arriba para abajo. El Angel es en realidad la representación femenina de una victoria alada; en la mano derecha ofrece un laurel y en la izquierda sostiene una cadena rota, representando el fin de la colonización; mide 6 metros y medio de alto y es de bronce recubierto con láminas de oro.

Existen diversas versiones, no ajenas a la especulación, sobre la modelo. Aseguran que fue alguna de las dos hijas del autor del monumento, Alicia o Antonieta, cuando viajaron con su papá hasta París para inspeccionar las esculturas. (Antonieta, notable promotora del arte vinculada con los ambientes intelectuales de la posrevolución, se suicidó el 11 de febrero de 1931 en la catedral de Notre Dame, en París). Otras versiones con mayor fundamento histórico afirman que se trata de Ernesta Robles, una modesta costurera. Sea lo que fuere, la cabeza original, destruida por el sismo del 28 de julio de 1957, fue sustituida por los escultores José María Urbina y Sergio Fernández y el fundidor Moisés del Aguila; el Angel reconstruido de pies, busto y cabeza fue reinagurado otro 16 de septiembre, pero de l958, por el presidente Adolfo Ruiz Cortines y el regente de hierro, Ernesto P. Uruchurtu. Con la idea de diluir un poco la solemnidad de la historia, el nuevo rostro del Angel -se asegura- fue el de Ana Bertha Lepe, seleccionado de entre 200 que participaron en el casting (Elba Chávez, Impacto, 2348), aunque otras versiones dicen que fue la misma Ernesta Robles, con unos añitos de más. Vaya usted a saber; lo único cierto es que los vestigios de la cabeza original se encuentran actualmente en un edificio colonial del Gobierno del Distrito Federal, en República de Chile 8.

A lo largo del fuste, o sea la columna misma, aparecen los nombres de ocho personajes: Allende, Rayón, Aldama, Mier y Terán, Matamoros, Victoria y Galeana, además de Iturbide, el controvertido caudillo, según la época histórica que lo juzgue, pues, acusado de traidor, fue pasado por las armas revolucionarias en 1824.

Al pie de la columna y en la parte central aparece Hidalgo portando un estandarte y más abajo dos figuras femeninas: una, en posición de reposo, es la Historia, consignando en un libro las hazañas, el sacrificio y la gloria de los héroes, y la otra es la Patria, ofreciendo a Hidalgo un laurel. Un poco más abajo, sobre el primer piso de la base, rodean a la columna cuatro estatuas de mármol: son Morelos, Guerrero, Mina y Nicolás Bravo, por ese entonces, los héroes oficiales más importantes del movimiento independentista.

Abajo de este conjunto escultórico destaca un león cargado de laureles, que representa la poderosa voluntad del pueblo, la majestad y la fuerza; lo guía un niño genio que representa la obediencia, la dulzura o bien, el encadenamiento por la fuerza superior de la ley. El león y el niño son, en palabras de Rivas Mercado, "el pueblo fuerte en la guerra y dócil en la paz".

No todos los personajes son hombres

El incipiente feminismo de la época logró plasmar la memoria de cuatro portentosas esculturas de bronce sedentes (sentadas) al lado de voluminosos obeliscos que representan la paz, la guerra, la ley y la justicia. En el muro poniente del monumento aparecen también esculpidos nombres de heroínas como Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario y Mariana Rodríguez, aquella legendaria revolucionaria que se enfrentó al ejército español con toda su familia.

Otra figura femenina es el perfil de la hija del autor del monumento, Alicia Rivas Mercado, que aparece en la puerta principal del mausoleo.

Pasemos a este recinto que es la tumba de diversos caudillos revolucionarios de nuestra independencia. En el interior del mausoleo nos recibe de frente un curioso personaje considerado por algunos historiadores el primer padre de la patria. Es una escultura que representa a Guillén de Lampart, también conocido como Lombardo de Guzmán. Este interesante personaje irlandés, nacido en Wexford, llegó a México en l640 con el propósito de independizar la Nueva España de la metrópoli, y por esa revolucionaria idea fue quemado vivo en 1659, después de permanecer preso 17 años en las cárceles de la Perpetua, ubicadas en el edificio de la Santa Inquisición de la Plaza de Santo Domingo. Acompañan a Lampart tres nichos. En el central reposan los cráneos de Hidalgo, Aldama, Allende y Mariano Jiménez, los cuales permanecieron durante 11 años colgados en el patio de la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato. En un nicho lateral, las cenizas de Guerrero, Guadalupe Victoria, Leona Vicario, Quintana Roo y Mina, y en otro las de Morelos, Mariano Matamoros y Nicolás Bravo. La mayoría de estos restos se encontraban en la Catedral Metropolitana y fueron trasladados aquí el 16 de septiembre de 1925 por el presidente Plutarco Elías Calles; con ello, el monumento se convirtió en mausoleo.

La última obra realizada fue el nicho de la lámpara votiva del arquitecto Federico Mariscal, inaugurada el 12 de mayo de 1929 por el presidente Emilio Portes Gil. En total se resguardan aquí cuatro cráneos y ocho urnas con cenizas; es decir, los restos de 12 héroes nacionales de nuestra independencia y un osado revolucionario procedente de tierras irlandesas.

Tiempos de transición

También el Angel transita por los nuevos tiempos democráticos, presentes en el país desde finales del siglo XX. Durante la segunda mitad de esa centuria, el Angel compartió todo tipo de festejos futboleros, culturales, de protesta, fotos para bodas, actos de victorias electorales y cientos de manifestaciones, cuyos resultados eran a menudo el vandalismo y su destrucción física. Todo ello sucedía, según afirmaron autoridades del Distrito Federal de ese entonces, por el simple hecho de no saber exactamente qué se resguardaba dentro del monumento.

Así, en un acto por demás inédito, el 16 de septiembre de 1998 el mausoleo que resguarda los restos de los próceres de la Independencia, que había permanecido cerrado al público desde su inauguración, fue abierto en forma permanente. El acto de apertura, al cual asistieron el presidente Ernesto Zedillo y el jefe del gobierno del DF, Cuauhtémoc Cárdenas, simbolizó la presencia compartida de un gobierno de la ciudad de México con otras autoridades federales en el cuidado y la custodia de los símbolos patrios.

Bibliografía utilizada. Altares de la Patria, DDF, Dirección General de Acción Social, 1956. El ángel de nuestras nostalgias, Loaeza y Martínez Assad, Plaza y Janés, 1998. Una victoria alada, Ponce Rivas Antonio, INAH, 1995.