sábado, 14 de octubre de 2017

Fraude: Nick Leeson

Nick Leeson entró a formar parte de la leyenda negra del mundo de las finanzas el jueves 23 de febrero de 1995 a las cinco de la tarde. En aquel preciso instante, a dos días de cumplir los 28 años, Leeson, un joven operador de bolsa británico, de origen humilde, encumbrado por sus superiores a la categoría de dios de las finanzas de la noche a la mañana, provocó la sonada quiebra de una de las más venerables instituciones financieras de Reino Unido, la banca Barings, con 223 años de historia a sus espaldas.


La historia de Leeson es el relato de la ambición desmesurada del hijo de un yesero del norte de Londres que pasa a saborear las mieles del éxito en Singapur y de las ansias de beneficios inmediatos de los responsables de un banco que desconoce el mundo en el que se juega el dinero de sus clientes: ayuntamientos, fondos de pensiones y organizaciones de caridad, entre otros muchos. Desgraciadamente, la historia del original rogue trader, como se ha observado en el futuro, son prueba fehaciente de la extrema cortedad de la memoria histórica de los mercados financieros. Han pasado 18 años desde entonces y los errores se han repetido periódicamente.



La banca Barings, la misma que financió la compra de Luisiana por Estados Unidos, la que puso el dinero para la construcción del ferrocarril en la ruta de la seda, la que fue descrita por el cardenal Richelieu como la sexta potencia del mundo y que ayudó en la reparación de Francia tras Waterloo, terminó finalmente vendida por una libra al grupo holandés de servicios financieros Internationale Nederlanden Groep (ING), que prometió hacerse cargo de todas las deudas, devolver los depósitos y encargarse de los acreedores.

Barings, todo un emblema del establishment británico, con clientes como Napoleón III o la mismísima reina de Inglaterra -quien al parecer perdió más de un millón de dólares tras la bancarrota-, estaba, para sorpresa de muchos, en las manos de un especulador de 28 años, que suspendió su examen de matemáticas para ingresar en la Universidad, y que dejó un agujero irreparable de 827 millones de libras (1.400 millones de dólares). 


Leeson pasó de un piso de protección oficial en Londres a un apartamento de lujo de 4.000 dólares de alquiler mensual; del metro de la capital británica a un Porsche y una cuenta de gastos a todo trapo. Todo en tan sólo cuatro años. Saul Bellow, premio Nobel de Literatura y Premio Pullitzer en 1976, relacionó en su obra el mito latino del carpe diem, aprovecha el día, con la ansiedad moderna del éxito rápido, cuya máxima expresión sería el mercado de futuros. Y ese, sin saberlo aún, era Leeson, a eso se dedicaba, a los derivados financieros, rama futuros.

Antes del desastre, Leeson había ganado muchos millones para la banca Barings. Contaba con la aprobación de la cúpula del banco, a la que los ojos le hacían chiribitas al ver los pingües beneficios que presentaba aquel joven en el Lejano Oriente ante un IBM con un módem y un teléfono para una entidad que arrastraba una racha de escasos beneficios.

Pero a Leeson los negocios le salieron mal. Entonces empezaron los engaños y el final de su carrera. Abrió una cuenta secreta, la famosa 88888, en la que escondió todos sus pufos. Pretendía ir recuperando lo perdido con nuevas operaciones que le dieran beneficios, de modo que en Londres nadie se preocupara y no vieran que sus negocios eran demasiado arriesgados e ilegales.

Su plan no salió bien. La pelota fue haciéndose más y más grande. Tanto que, como quien lo apuesta todo a un único número en la ruleta del casino, Leeson lo apostó todo en el mercado de futuros de Tokyo y perdió. El terremoto de Kobe en 1995 hizo que Japón repatriara su capital en el exterior y dio al traste con la huída hacia adelante del joven trader.

Leeson engañaba al banco diciendo que invertía por otros cuando se trataba del dinero de la entidad, que tuvo sospechas de que algo no andaba bien tras repetidas inyecciones de dinero reclamadas por el trader desde Singapur. Sin embargo, los controles internos de la Casa de Barings no alcanzaron a ver la magnitud de la tragedia que finalmente se materializó.

Al comprobar que todo estaba perdido, Leeson y su mujer huyeron a Kuala Lumpur, donde el trader se enteró por los periódicos del desastre al ver el nombre del banco por el que trabajaba en la primera página del The Wall Street Journal y pidió disculpas a la entidad a través de un fax. Finalmente fue detenido en Frankfurt y, muy a su pesar, trasladado a Singapur, donde pasó cuatro años y medio de una condena de seis y medio en una prisión de máxima seguridad, de la que salió al ser diagnosticado de un cáncer de colon, que superó.

Nick Leeson es casi una figura de culto en determinados círculos financieros. Tanto es así que una de las llamativas chaquetas del equipo con las que operaba en el parquet de Singapur fue adquirida por un inversor por 25.000 euros. El actor Ewan McGregor protagonizó su historia en un film de dudosa calidad titulado Rogue Trader y sus memorias fueron adquiridas por una editorial por una cuantiosa cifra.

Ahora vive con su segunda esposa en Irlanda, donde ha sido directivo del club de fútbol del Galway United y actualmente se dedica a dar charlas en diferentes foros acerca de su experiencia. Estos son sus datos de contacto: NMP Live www.nmplive.co.uk Email: management@nmp.co.uk Tel: +44 (0)1372 361 004 www.nickleeson.com  @TheNickLeeson.  






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